Esta noche de insomnio me trajo algo bueno que escribirles.
Estoy leyendo el blog de Juan Isaza, director de planning de DDB México y me encontré con este post acerca de cómo el contenido generado por el usuario ya ha cambiado el panorama para muchas empresas.
En el post, Juan habla acerca de un estudio del International Journal of Market Research donde investigan la convivencia de contenidos, el generado por el usuario y el generado por la empresa, y sus repercuciones en el público. Este párrafo lo resume todo:
En cuanto a la pregunta sobre cuál es el tipo de sitios que más influye en la decisión hay un resultado interesante: Los dos son bastante influyentes. Esto rompe con el paradigma de que los sitios generados por los usuarios reemplazarán a los sitios “oficiales” de las marcas. La realidad en la industria del turismo, pero me atrevo a decir que pasa exactamente lo mismo con todas las demás industrias es que el contenido que generen los usuarios siempre va a convivir con aquel que proporcionen las marcas. No son dos tipos de contenido enfrentados. Son contenidos complementarios.
¿Esto qué quiere decir para las empresas?
A mi parecer, dos cosas. La primera es que ya el consumidor está pidiendo referencias de otros consumidores antes de adquirir algún producto o servicio. Esto va a aumentar el incentivo de los “Community Managers” (los que dicen serlo) para borrar comentarios que no sean de agrado del cliente. Lo cual genera frustración y todo el sermón de no debes callar a tu cliente en medios sociales, tienes que darle soluciones. Y la segunda que me parece más interesante es el valor monetario (si es que existe) del contenido propio y el generado por el usuario es similar. Lo cual me permite poder calcular de alguna manera el valor de una recomendación en mi website, Twitter, blog o likepage de Facebook, asociándolo con el valor del contenido propio que la empresa genera.
Ahora más que nunca es muy necesario saber el valor de lo que comunico para vender mi producto. La web nos permite encontrar mucha data para examinar si la pieza comunicacional desarrollada fue de utilidad o si perdí mi dinero en ella. Si ahora puedo calcular aproximadamente cuánto vale lo que el público deja en nuestro canales, puedo tomar en cuenta un indicador de éxito que antes no podíamos cuantificar apropiadamente.
Los dejo con esta pequeña reflexión y voy a tratar de dormir.

